Lo importante fue que a la mañana siguiente estábamos en El Bolsón, pueblo hippie y tranquilo, que duerme entre montañas pobladas de Cipreses amarillos en el otoño, que es en la estación en la que estamos. Por supuesto, aquí nos volvemos a encontrar con Amparo y las catalanas, como si del destino se tratase.
Tambien con Hugo, de quién nos habíamos separado por la mañana, 200 kilómetros antes. Con él y su amiga Jazmín nos fuimos a tomar la cerveza artesana típica de El Bolsón. Probamos…unas cuantas, ¡vaya! (picante, de chocolate, frutas,…).
Al día siguiente alquilamos un coche los cuatro visitando el Lago Puelo, el Bosque Tallado y La Casacada Escondida, en donde todos leimos al entrar el mismo cartel de “Cuidado, ladrones”, no le hicios caso; y cuando volvimos al coche nos habían robado las mochilas: Nada imprescindible, pero el resto de la noche se perdió dando parte en la comisaría (habían detenido a un loco que se pasó dos horas golpeando y gritando fuera de sí que lo sacasen de allí).
Para “celebrar el suceso” nos fuimos de parrillada al restaurante “A Punto” (¡sublime churrascada!), y donde el camarero catalán –Oliver- nos invitó a un par de botellitas de cava porque “comparto vuestro sentimiento.
Al día siguiente volvimos con la policía al lugar de los hechos, en acto inútil.
Lo que nos quedaba por ver en este pueblo era la jineteada dominical: Fiesta popular argentina en la que los gauchos montan caballos salvajes. También nos intentaron envenenar con mal vino, y resucitamos con la Carne a la Estaca y el choripán.
Por la noche nos fuimos a Bariloche, donde nos esperaba Belén.
En Bariloche, la conocida Tierra de los Lagos, visitamos el cerro Campanario, el cerro Otto e hicimos una parte del “recorrido chico” (recorrido entre lagos). Estos paisajes se parecen mucho a Suiza, incluso las casas y sus tejados de dos aguas.
Volvemos a toparnos con israelitas en el albergue. Hay muchísimos por aquí. Nos comentan que su gobierno, terminados los dos o tres años de servicio militar obligatorio, les paga un viaje a la Patagonia, o a Tailandia; asi que se pasan el día buscando la manera de pagar lo menos posible en todo lo que hacen, y sorprendentemente ganan a los españoles en este menester. Eso sí, por aquí, la Patagonia extensa, la gente no les tiene demasiado aprecio, tanto por su forma de viajar, como por su carácter cerrado, sobretodo si viajan en grupo.
Se rumorea que no están aquí por casualidad: Existe la teoría subversiva de que Israel está mandando a tanta gente a la Patagonia para incentivarlos a comprar tierras y llegar a crear un estado sionista, en el lugar donde está el bien del planeta que en el futuro será más cotizado: el agua.
En Villa La Angostura visitamos el bosque de los Alerces Milenarios (lo que es curioso debido a que no suelen formar bosques, sino que se encuentran mucho mas esparcidos en el terreno).
Y al día siguiente entrábamos nuevamente en Chile, llegando a Puerto Varas, ciudad vacacional por excelencia de esta parte del país. Conseguimos una buena foto del Volcán Osorno, y vimos las típicas casas de arquitectura germánica que conforman el casco histórico del pueblo.
De aquí nos partimos al día siguiente hacia Chiloé, isla de la parte norte de la patagonia que es como Galicia (quisieron llamarla nueva Galicia, pero el nombre no cuajó), verde, bonita, llena de marisco y dicen que lluviosa. Digo que "dicen" porque a nosotros nos tocó sol en los 2 días que estuvimos. También dicen que Chiloé tiene 2 estaciones: la de invierno y la estación de tre y que acá llueve 13 meses al año. Castro es la ciudad importante de la isla y visitamos las típicas casas construidas sobre el mar, al parecido a Venecia (salvando las diferencias).
Al día siguiente vimos más construcciones típicas en Achao, una de varias islitas, y allá comimos Curanto. El curanto es un plato "endémico" de la zona, consiste en cocinar marisco, carne y verduras, todo junto enterrado y cocinado con piedras calientes. Además pedimos un entrante de erizo, con un sabor a mar era muy intenso.
Dejamos Chiloé con la sensación de que está tierra tiene mucha magia y tesoros por conocer como su cultura propia y la calidez de su gente.
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sábado, 12 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
susto o muete de frío en la frontera
A la mañana siguiente nos levantamos sin ganas de mucho, sobretodo y una indigestión nocturna patatera que no dejó dormir a nadie y obligó a frecuentes paseos al baño y encendiendo todas las luces de la casa por las historias de fantamas que nos contaron el día anterior.
Sin embargo, el resto del día nos lo pasamos muy bien debido a la gente con la que nos fuimos encontrando.
Para empezar, ya de mañana, pidiendo que nos llevasen al pueblo fronterizo de Futalefú (nuestro destino será Bariloche en Argentina) nos llevó un aspirante a conductor de rallies que también llevaba a Hugo, un canario que también está recorriendo todo el continente americano, pero su destino final es Alaska.
Tras 2 horas de espeluznante viaje a 90-100 km por hora por carreteras de gravilla de 1 carril con frecuentes cambios de rasante y curvas cerradas llegamos a Santa Lucía, donde nos apeamos y quedamos medio tirados esperando el autobus que venía de otro pueblo con dirección a Futalefú, aunque sin horario fijo. Allí conocimos a un escritor de libros de viajes, Nacho Docavo Alberti, que estaba recorriendo la carretera austral de norte a sur y estaba tan perdido como nosotros.
Nacho nos enseñó fotos y videos de El Chaltén soterrado hace 2 años por las cenizas del volcán Chaltén que todavía sigue echando humo. Lo más increible es que la gente sigue queriendo vivir ahí, a pesar de que el gobierno haya construido otra ciudad a 100 km de distancia, y se niegue a suministrar electricidad u otras infraestructuras, por considerarlo peligroso.
¿Y a vosotros os afectó el volcán islandés? ¿Porque volvió loco el tráfico aereo, no? POor aquí piensan que "bah, eso son tonterías".
Bueno, pues volviendo al caso, después de horas de espera y cuando intercambiabamos las ideas sobre Chatwin y su libro "Patagonia" aparece el bus. Nos despedimos de Nacho y en el bus conocemos a 2 señores argentinos que desde el primero momento nos creemos que son un duo cómico sacado de "Les Luthiers".
Al llegar a Futalefú nos sorprendió la noticia de que no había bus a Argentina hasta dentro de 2 días. Llevabamos con nosotros a un grupo de israelitas que vínieron en el bus, pero en cuanto supieron que no había bus, se lanzaron a la salida del pueblo a hacer autostop. Así que a nosotros nos quedaba sólo encontrar un transporte o taxi, pero no era fácil, para 5 personas y a 2 horas de cerrar la frontera, nadie se atrevía a llegar hasta el primer pueblo argentino ya que no tendría tiempo de volver. Al final, conseguimos a alguien que nos llevara, al menos, al puesto fronterizo chileno. De allí pasamos andando al puesto fronterizo argentino pensando que allá tendrían el teléfono de un taxista de Trevelín (primer pueblo argentina) pero ...... no lo tenían. Así que allí estabamos 5 adultos a 40 kms del primer pueblo, sin vehiculo y con la frontera cerrada sin poder volver a Chile.
El único coche que pasó llevaba a 2 isrealitas como "paquetes" así que no había mas opciones que esperar que algún taxista viniese desde Trevelín si el conductor del último coche le avisaba. Pero ¿se arriesgaría in taxista a viajar de noche 1 hora para no encontrar a nadie? Si no, quedaba la opción de "dormir" en 1 camping, sin tienda ni saco ninguno de los 5.
Gracias a licor café y algo de comida soportamos el tiempo de espera. Como no llegaba nada de ayuda y sí llegaba el frío, los gendarmes argentinos se "apiadaron" de nosotros y llamaron a un compañero para que nos hiciera de conductor. La diferencia con los gendarmes chilenos es que el argentino es que le "ayudamos" con la "gasolina", es decir, que nos cobró 150 pesos. Lo importante es que llegamos a Trevelín.
La pregunta es, ¿veís a un guardia civil español transportando a 2 españoles y 3 extranjeros que se hayan en la frontera por su irresposabilidad y que les cobre 150 euros? Creemos que la respuesta es no, pero quien sabe.
PD: esa noche dormimos en el mejor hotel de todo el viaje y además, teníamos el desayuno incluido!! un buffet libre!! deluxe.
Sin embargo, el resto del día nos lo pasamos muy bien debido a la gente con la que nos fuimos encontrando.
Para empezar, ya de mañana, pidiendo que nos llevasen al pueblo fronterizo de Futalefú (nuestro destino será Bariloche en Argentina) nos llevó un aspirante a conductor de rallies que también llevaba a Hugo, un canario que también está recorriendo todo el continente americano, pero su destino final es Alaska.
Tras 2 horas de espeluznante viaje a 90-100 km por hora por carreteras de gravilla de 1 carril con frecuentes cambios de rasante y curvas cerradas llegamos a Santa Lucía, donde nos apeamos y quedamos medio tirados esperando el autobus que venía de otro pueblo con dirección a Futalefú, aunque sin horario fijo. Allí conocimos a un escritor de libros de viajes, Nacho Docavo Alberti, que estaba recorriendo la carretera austral de norte a sur y estaba tan perdido como nosotros.
Nacho nos enseñó fotos y videos de El Chaltén soterrado hace 2 años por las cenizas del volcán Chaltén que todavía sigue echando humo. Lo más increible es que la gente sigue queriendo vivir ahí, a pesar de que el gobierno haya construido otra ciudad a 100 km de distancia, y se niegue a suministrar electricidad u otras infraestructuras, por considerarlo peligroso.
¿Y a vosotros os afectó el volcán islandés? ¿Porque volvió loco el tráfico aereo, no? POor aquí piensan que "bah, eso son tonterías".
Bueno, pues volviendo al caso, después de horas de espera y cuando intercambiabamos las ideas sobre Chatwin y su libro "Patagonia" aparece el bus. Nos despedimos de Nacho y en el bus conocemos a 2 señores argentinos que desde el primero momento nos creemos que son un duo cómico sacado de "Les Luthiers".
Al llegar a Futalefú nos sorprendió la noticia de que no había bus a Argentina hasta dentro de 2 días. Llevabamos con nosotros a un grupo de israelitas que vínieron en el bus, pero en cuanto supieron que no había bus, se lanzaron a la salida del pueblo a hacer autostop. Así que a nosotros nos quedaba sólo encontrar un transporte o taxi, pero no era fácil, para 5 personas y a 2 horas de cerrar la frontera, nadie se atrevía a llegar hasta el primer pueblo argentino ya que no tendría tiempo de volver. Al final, conseguimos a alguien que nos llevara, al menos, al puesto fronterizo chileno. De allí pasamos andando al puesto fronterizo argentino pensando que allá tendrían el teléfono de un taxista de Trevelín (primer pueblo argentina) pero ...... no lo tenían. Así que allí estabamos 5 adultos a 40 kms del primer pueblo, sin vehiculo y con la frontera cerrada sin poder volver a Chile.
El único coche que pasó llevaba a 2 isrealitas como "paquetes" así que no había mas opciones que esperar que algún taxista viniese desde Trevelín si el conductor del último coche le avisaba. Pero ¿se arriesgaría in taxista a viajar de noche 1 hora para no encontrar a nadie? Si no, quedaba la opción de "dormir" en 1 camping, sin tienda ni saco ninguno de los 5.
Gracias a licor café y algo de comida soportamos el tiempo de espera. Como no llegaba nada de ayuda y sí llegaba el frío, los gendarmes argentinos se "apiadaron" de nosotros y llamaron a un compañero para que nos hiciera de conductor. La diferencia con los gendarmes chilenos es que el argentino es que le "ayudamos" con la "gasolina", es decir, que nos cobró 150 pesos. Lo importante es que llegamos a Trevelín.
La pregunta es, ¿veís a un guardia civil español transportando a 2 españoles y 3 extranjeros que se hayan en la frontera por su irresposabilidad y que les cobre 150 euros? Creemos que la respuesta es no, pero quien sabe.
PD: esa noche dormimos en el mejor hotel de todo el viaje y además, teníamos el desayuno incluido!! un buffet libre!! deluxe.
lunes, 19 de abril de 2010
La Gran Evasión: Argentina otra vez
Aquella noche nos habian reservado la mejor cama. Aun así no pegamos ojo, asi que intentamos irnos al Calafate en bus. Sin embargo la ausencia de billetes, y la amorosa resistencia de nuestros anfitriones hizo que nuestra unica opcion posible fuese la huida, "la gran evasion".
Asi que nos posicionamos de incógnito en la salida del pueblo, con las esperanzas puestas en que algún "auto" nos llevase al otro lado de la frontera, a 200 kilómetros.
Domingo por la mañana, fuera de temporada, ya estábamos advertidos de que "nadie va para allá". Durante un rato, los pocos coches que salian del pueblo hacia el desierto Patagónico, lo unico que hacian era disculparse por no poder llevarnos.Cuando nos acercaron al puesto fronterizo, habia poco mas que un local de souvenirs-cafeteria-ventadepasajes y un gendarme mas aburrido que nosotros, "es que los 3 buses del dia ya han pasado. Nadie pasa por acá", asi que nos estuvo informanco de las relaciones socioecómicas y políticas de Chile con sus paises aledaños (nada buenas, por cierto, aunque nos quedamos tranquilos de saber que el rearme armamentístico de de Chile "siempre será con caracter defensivo").
Llegaron algunos buses con turistas, asi que el gendarme se fue a trabajar, y nosotros a la cafetería. Allí habia un chofer argentino, Juan, que iba de regreso al Calafate, nuestro destino, pero que no podia pasar con pasajeros por la aduana, ya que solo tiene permitido llevarlos a Chile, pero no de vuelta a Argentina. Convenimos con él que caminaríamos con nuestras mochilas un trecho de los 7 kilómetros que separan el puesto fronterizo chileno y el argentino, hasta desaparecer de vista del primero, y allí nos dejaría antes de llegar a la segunda, y volvería a recogernos algo más adelante.
El plan llevado a la práctica fue un poco mas problemático:En el lado Chileno, ningun problema, ya que nuestro colegita el gendarme no tuvo ningún escrupulo en saltarse a toda la cola de turistas franceses que esperaban el sello de su pasaporte y hacer nuestros trámites primero (por cierto, qué buena educación la de los franceses); pero a los argentinos se les hacia raro 2 mochileros andando por una carretera de gravilla, cuando el siguiente pueblo está a 50 kilómetros.
Salimos de allí lo antes posible, y a las 4.30 estábamos en el Calafate, casi a la misma hora que Belén y Amparo habian llegado en el bus.
Asi que nos posicionamos de incógnito en la salida del pueblo, con las esperanzas puestas en que algún "auto" nos llevase al otro lado de la frontera, a 200 kilómetros.
Domingo por la mañana, fuera de temporada, ya estábamos advertidos de que "nadie va para allá". Durante un rato, los pocos coches que salian del pueblo hacia el desierto Patagónico, lo unico que hacian era disculparse por no poder llevarnos.Cuando nos acercaron al puesto fronterizo, habia poco mas que un local de souvenirs-cafeteria-ventadepasajes y un gendarme mas aburrido que nosotros, "es que los 3 buses del dia ya han pasado. Nadie pasa por acá", asi que nos estuvo informanco de las relaciones socioecómicas y políticas de Chile con sus paises aledaños (nada buenas, por cierto, aunque nos quedamos tranquilos de saber que el rearme armamentístico de de Chile "siempre será con caracter defensivo").
Llegaron algunos buses con turistas, asi que el gendarme se fue a trabajar, y nosotros a la cafetería. Allí habia un chofer argentino, Juan, que iba de regreso al Calafate, nuestro destino, pero que no podia pasar con pasajeros por la aduana, ya que solo tiene permitido llevarlos a Chile, pero no de vuelta a Argentina. Convenimos con él que caminaríamos con nuestras mochilas un trecho de los 7 kilómetros que separan el puesto fronterizo chileno y el argentino, hasta desaparecer de vista del primero, y allí nos dejaría antes de llegar a la segunda, y volvería a recogernos algo más adelante.
El plan llevado a la práctica fue un poco mas problemático:En el lado Chileno, ningun problema, ya que nuestro colegita el gendarme no tuvo ningún escrupulo en saltarse a toda la cola de turistas franceses que esperaban el sello de su pasaporte y hacer nuestros trámites primero (por cierto, qué buena educación la de los franceses); pero a los argentinos se les hacia raro 2 mochileros andando por una carretera de gravilla, cuando el siguiente pueblo está a 50 kilómetros.
Salimos de allí lo antes posible, y a las 4.30 estábamos en el Calafate, casi a la misma hora que Belén y Amparo habian llegado en el bus.
sábado, 17 de abril de 2010
Puerto Natales y Torres del Paine - Patagonia sur chilena 2 .. (uff que titulo)
A medida que se alarga el viaje, los paisajes van cambiando (por ejemplo, hoy vimos como todavía un soldado chileno manejaba un vehiculo teledirigido buscando minas antipersona), pero si hay algo que se repite son las mismas caras de los mochileros en cada pueblo.
Así que cuando llegamos a la casa de nuestro anfitrión en Puerto Natales no nos sorprendió encontrarnos a las catalanas Sandra y Marina; aunque fue mayor la sorpresa al ver que además que la familia Albornoz (2 adultos, 4 hijos, 1 perro de 3 patas y un gato) tenían acogidas a otras 10 personas además de nosotros 4. Cuando llegamos se nos ofreció una habitación con 2 camas individuales y un sofa para los 4, aunque al volver de nuestra vuelta por el centro, ya había 3 turcos ocupando el sofa.
La "cena internacional" incluyó platos de diferentes países y en ella nos informamos de posibles rutas que podíamos hacer en el parque nacional del Paine, considerado el paraiso del trekking en Chile y reconocido internacionalmente. Por cierto, aunque la cena estuvo bien nos quedamos con ganas de probar la especialidad regional, ostiones con queso.
A las 7 am del día siguiente cogimos el bus al parque con nuesta provisiones, con nuestros bastones y serias dudas sobre nuestra capacidad o no de culminar los 5 días de ruta por el Paine.
El primer día fue el más díficil ya que incluía una subida de 6 horas con 1 desnivel de 800 metros de altitud. Eso si, los paisajes fueron impresionantes, subiendo la primera montaña tenías una visión general del valle, en cuanto la ladeabas entrabas en un "mundo de hobbits" donde nos sentímos diminutos: enrtamos y salimos de 1 bosque frondoso, vadeamos un río y finalmente, quasi-escalamos un pedregal para encontrarnos de frente con la majestuosa vista de las torres, con el lago verde turquesa a sus pies. ¡¡¡Valió la pena!!!
Por la noche nos alojamos en un refugio de montaña (no es la ieda española de refugio, se parece más a un mini hotel de lujo donde se paga por todo, pero era eso o tienda de campaña y ... ahora en otoño y en los andes, las noches no son de bermudas y tirantes ..). La gente del albergue no eran muy amigables, más bien secos. No entendemos su mala cara cuando intentamos calentar una lata de alubias en 1 estufa de leña, ¡¡ somos españoles!!
El segundo día se suponía más facil, ya que la mayor parte del camino era bordeando un lago glaciar, sin embargo la última parte se nos hizó muy díficil debido a los fuertes vientos. Lo mejor del día fue el amanecer donde disfrutamos de un arco iris como dibujado por un niño pequeño, naciendo en el lago y acabando en la montaña.
El tercer día, se trataba de subir al mirador francés, con vistas al glaciar de mismo nombre y estruendosos aludes como banda sonora. Enhorabuena a Belén que llegó al mirador Británico y consiguió una vista envolvente de las montañas. El refugio de esa noche, fue uno de 5 estrellas con internet y todo!!.
El cuarto día, el camino nos llevaba al glaciar Grey, menos espectacular que el famoso Perito Moreno, merece la pena por ser menos visitado y además tuvimos la suerte de poder coger trozos de hielo en nuestras manos. Esa noche compartimos brebajes varios (vino y pisco sour) con una pareja chilena y fuimos "calientes" a la cama.
El quinto día fue la vuelta a la civilización pero no antes de echar un último vistazo al macizo montañoso y admirar la famosa vista de "los Cuernos del Paine" después de un paseo en catamarán por el lago.
La llegada a casa de los Albornoz fue un shock de pasar de la tranquilidad de la montaña al barullo de una casa siempre llena (esta noche eramos 25 ya que la perra había tenido crias en nuestra ausencia). El plato caliente que nos esperaba en la mesa al llegar no tiene precio.
Así que cuando llegamos a la casa de nuestro anfitrión en Puerto Natales no nos sorprendió encontrarnos a las catalanas Sandra y Marina; aunque fue mayor la sorpresa al ver que además que la familia Albornoz (2 adultos, 4 hijos, 1 perro de 3 patas y un gato) tenían acogidas a otras 10 personas además de nosotros 4. Cuando llegamos se nos ofreció una habitación con 2 camas individuales y un sofa para los 4, aunque al volver de nuestra vuelta por el centro, ya había 3 turcos ocupando el sofa.
La "cena internacional" incluyó platos de diferentes países y en ella nos informamos de posibles rutas que podíamos hacer en el parque nacional del Paine, considerado el paraiso del trekking en Chile y reconocido internacionalmente. Por cierto, aunque la cena estuvo bien nos quedamos con ganas de probar la especialidad regional, ostiones con queso.
A las 7 am del día siguiente cogimos el bus al parque con nuesta provisiones, con nuestros bastones y serias dudas sobre nuestra capacidad o no de culminar los 5 días de ruta por el Paine.
El primer día fue el más díficil ya que incluía una subida de 6 horas con 1 desnivel de 800 metros de altitud. Eso si, los paisajes fueron impresionantes, subiendo la primera montaña tenías una visión general del valle, en cuanto la ladeabas entrabas en un "mundo de hobbits" donde nos sentímos diminutos: enrtamos y salimos de 1 bosque frondoso, vadeamos un río y finalmente, quasi-escalamos un pedregal para encontrarnos de frente con la majestuosa vista de las torres, con el lago verde turquesa a sus pies. ¡¡¡Valió la pena!!!
Por la noche nos alojamos en un refugio de montaña (no es la ieda española de refugio, se parece más a un mini hotel de lujo donde se paga por todo, pero era eso o tienda de campaña y ... ahora en otoño y en los andes, las noches no son de bermudas y tirantes ..). La gente del albergue no eran muy amigables, más bien secos. No entendemos su mala cara cuando intentamos calentar una lata de alubias en 1 estufa de leña, ¡¡ somos españoles!!
El segundo día se suponía más facil, ya que la mayor parte del camino era bordeando un lago glaciar, sin embargo la última parte se nos hizó muy díficil debido a los fuertes vientos. Lo mejor del día fue el amanecer donde disfrutamos de un arco iris como dibujado por un niño pequeño, naciendo en el lago y acabando en la montaña.
El tercer día, se trataba de subir al mirador francés, con vistas al glaciar de mismo nombre y estruendosos aludes como banda sonora. Enhorabuena a Belén que llegó al mirador Británico y consiguió una vista envolvente de las montañas. El refugio de esa noche, fue uno de 5 estrellas con internet y todo!!.
El cuarto día, el camino nos llevaba al glaciar Grey, menos espectacular que el famoso Perito Moreno, merece la pena por ser menos visitado y además tuvimos la suerte de poder coger trozos de hielo en nuestras manos. Esa noche compartimos brebajes varios (vino y pisco sour) con una pareja chilena y fuimos "calientes" a la cama.
El quinto día fue la vuelta a la civilización pero no antes de echar un último vistazo al macizo montañoso y admirar la famosa vista de "los Cuernos del Paine" después de un paseo en catamarán por el lago.
La llegada a casa de los Albornoz fue un shock de pasar de la tranquilidad de la montaña al barullo de una casa siempre llena (esta noche eramos 25 ya que la perra había tenido crias en nuestra ausencia). El plato caliente que nos esperaba en la mesa al llegar no tiene precio.
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